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26 Punto de Encuentro Valencia

26 de septiembre 2019 · No hay Comentarios

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26 Festival Punto de Encuentro Valencia

«Variaciones desde Brncic» (con Elisa Urrestarazu)

Un concierto conformado por dos programas de obras —uno de música electrónica para soporte fijo y otro de música mixta para saxofón y electrónica al cuidado de Elisa Urrestarazu, mediados por una obra de Gabriel Brnčić, próxima a ambos— celebrado el 18 de octubre de 2019 de 18.00 a 20.00 horas en la Sala SGAE Centre Cultural València, como parte del XXVI Festival Punto de Encuentro organizado por la AMEE con el apoyo de la Fundación SGAE y del INAEM.

1.

«De temperatures i ordres», 2014, electrónica, 8′
Francesc Llompart Pons

«Yugen», 2018, electrónica, a partir de grabaciones de paisajes sonoros, 8′
Jaime Esteve

«Dis-Till-Action», 2014, electrónica, 8′
Ariadna Alsina

«Hiancia IV», 2018-2019, electrónica, 8′ [estreno en España]
Jorge Sad Levi

«Contando relámpagos», 2018, electrónica, 4′
Susana López

Interludio

«Quodlibet IV», 2013, versión décima para cinta, a Daniel Kientzy [saxofón sopranino], 20′
Gabriel Brnčić

2.

«Kore III», 2019, para saxofón barítono, electrónica en vivo e imágenes, 5′ [estreno absoluto]
Stefano Scarani y Julia Chiner

«Va i vé», 2010, para saxofón barítono y electrónica, 6′
Sergio Fidemraizer

«Liquid Crystal», 2018, para saxofón tenor y electrónica, 10′
José Luis Sánchez

«Pasaje», 2016, para saxofón tenor y electrónica, sobre un poema de Pilar Martín Gila, 7′
Sergio Blardony

«Ítaca (Mosaico II)», 2013, para saxofón barítono alto y electrónica, 9′
Enrique Busto Rodríguez

Saxofones y electrónica: Elisa Urrestarazu

Notas al programa
Marina Hervás Muñoz

1.

Este primer programa de obras para soporte fijo toma el sonido como un hueco donde lo todavía-no podría tener lugar. «Yugen» e «Hiancia IV» ponen en juego la posibilidad de lo indeterminado. No se trata tanto de lo inesperado o de lo por-venir, sino más bien de aquello que excede la capacidad antropomórfica de imponer un relato que organice la experiencia. Y de eso también se encarga «Contando relámpagos»; obra que propone dilatar una experiencia relativamente cotidiana para mostrar lo extraordinario que hay en ella. Lo posible dentro de la materia es el tema de Llompart y Alsina, cuyas obras se basan en procesos químicos para pensar cómo sería posible su traducción en la materia sonora.

«De temperatures i ordres» explora el comportamiento de pequeñas unidades sonoras que se agrupan en diferentes formaciones creando cadenas, racimos, unidades gestuales y objetos aislados como si fueran moléculas que cambian su conformación cuando cambia la temperatura del ambiente que las contiene.

«Yugen», como tantas otras palabras ajenas a nuestros referentes lingüísticos, tiene difícil traducción. En japonés, hace referencia a lo escondido, lo que no se percibe inmediatamente. Ese envés de la experiencia es el que busca Esteve en su pieza, que tiene como material generador el sonido del viento pasando entre árboles, sustancialmente modificado. Su paisaje sonoro es, por lo tanto, el paisaje antes de convertirse en paisaje —ordenado para ser visto y oído por la lógica antropomórfica—.

Es un lugar común, desde hace ya algunas décadas, considerar el sonido como material, algo que produce que algunos artistas sonoros se consideren escultores con el sonido. El debate sobre la legitimidad y el alcance de esta cuestión es, probablemente, infinito. La pieza «Dis-Till-Action», de Alsina, acude directamente al núcleo de esta cuestión. Se trabaja el material sonoro, presentado con rotundidad desde el inicio, mediante la traducción sonora de procesos y estados propios de la destilación química: mezcla, vapores, punto de ebullición, concentración, componentes volátiles, presión determinada, cambios de composición, extracción, condensación, recolección…

Sonidos casi vocálicos abren «Hiancia IV», de Jorge Sad Levi. Se diluyen poco a poco en un cruce de resonancias de diferentes materiales hasta llegar a una parte intermedia frenética, basada en la saturación melódica que deriva de, y hace central, un material sonoro: el del piano, que había sido presentado con timidez hasta entonces. «Hiancia» traduce un término francés en desuso, beánce, que fue recuperado por el psicoanálisis lacaniano. Lacan considera que al determinar una causa siempre hay un exceso, algo no del todo determinable, un vacío inescrutable, algo abierto que «pertenece al orden de lo no realizado». Esa apertura se traduce, quizá, en la pieza de Sad Levi como horror vacui de posibles.

Desde la infancia nos revelan que contar los segundos que pasan entre un trueno y un rayo nos da la pista de cuánta distancia hay desde donde estamos hasta la tormenta, a más o menos un kilómetro por segundo. Grandes bloques sonoros bien podrían, en «Contando relámpagos» de Susana López, dar cuenta de ese proceso en el que fragmentos temporales (segundos) se convierten en espaciales (kilómetros). Se trata de una pieza introspectiva, que parte de sonidos muy precisos para derivar, poco a poco, en una masa sonora. La fragilidad, como demuestra este tránsito, no es una cuestión de cantidad.

Interludio

«Quodlibet» es la serie de trabajos más importante y longeva de Gabriel Brnčić —en curso desde 1967— sobre la estructura, la forma y los problemas de notación e interpretación en la música instrumental y electroacústica. La versión décima de «Quodlibet IV» sonó en esta misma sede con similar ocasión: en el Centre Cultural SGAE durante el festival Punto de Encuentro en Valencia, en 2017, antes de un concierto para saxofón slide, grabaciones de campo y electrónica de Lucio Capece. Siendo la misma, esta vez cobrará un sentido diferente la obra de Gabriel; a él y a Teresa está dedicado este concierto.

2.

El diálogo entre la electrónica y los instrumentos tradicionales siempre es un reto para no ceder ante la mera fascinación sonora que nos sugiere la primera o el efectismo al que parece que nos vemos abocados con los segundos. En este programa de obras para saxofón y electrónica al cuidado de Elisa Urrestarazu escucharemos piezas que reflexionan sobre el cuerpo del instrumento, como en «Koré III», «Va y vé» y «Liquid Crystal», donde hay una resistencia al mero diálogo entre la electrónica y el saxofón, donde el rol de ambos se negocia toda vez que aparecen. En «Pasaje» e «Ítaca», una narración externa sirve como marco para estructurar el cruce entre ambos. La historia y el cuerpo del instrumentista son, respectivamente, lo que propicia el encuentro entre la electrónica y el saxofón.

«Kore III» no es exactamente la tercera parte de un conjunto de piezas, sino la evolución de las dos obras homónimas que la preceden. Un masa cristalina abre la obra, a la que se incorpora el saxo barítono con golpes de lengua en la lengüeta, una técnica llamada slap. Esto nos anticipa uno de los elementos de la pieza: la importancia del componente rítmico, que hace que el trabajo melódico esté construido mediante hiatos. La electrónica sigue de cerca el vídeo en su búsqueda de lo caleidoscópico desde el material concreto que cede ante la invitación a su deformación.

Apenas un trazo serprenteante marca el camino de la electrónica, que se posiciona como un continuum sonoro con el que el saxofón trata, a duras penas, de dialogar. La pieza «Va i vé», de Sergio Fidemraizer, es marca de esa frustración. El encuentro sucede mediante la mímesis: la electrónica se convierte, por momentos, en una segunda voz del saxofón; mientras que éste trata, mediante la deformación de su sonido, de imitar la crudeza de lo electrónico. El «ir y venir» que nos promete el título de la pieza quizá se encuentra ahí: en la disolución de la diferencia entre ambos.

«Liquid Crystal», de José Luis Sánchez, está construida en pequeños bloques con absoluto protagonismo de las posibilidades técnicas del saxofón. Grandes saltos melódicos sobre una figura circular en los graves abren la pieza. Esta construcción aparece posteriormente fragmentada. Derivan en un apartado más introspectivo, con notas tenidas, que se interrumpen por un sencillo tema rítmico, casi irónico. Poco a poco, la rotundidad inicial se va así desdibujando —con un movimiento orgánico, como el del «cristal líquido» que sugiere el título— en un material mínimo, en el que el saxofón renuncia, en parte, a su sonido identitario. La electrónica opera como fundamento del saxofón, en un segundo plano, como si fuera el soporte para su movimiento.

La compleja relación —irresoluble— entre música y palabra es tan antigua como la propia música. La cercana y dilatada colaboración entre Sergio Blardony y Pilar Martín Gila busca el encuentro orgánico entre ambas, sin que la música sea una mera traducción o apoyo «atmosférico» para el poema. Más bien, éste sirve como punto de partida para ese mundo de ruina y escombro que propone Martín Gila en su «Pasaje». El saxofón se cruza, aparte de la voz de Gila, con otras voces, como el piano y el canto que, convertidos en material electrónico, se convierten en espectros de sus originales, ya hechos ruina. La relación con el filósofo Walter Benjamin y su referencia al cuadro Angelus Novus, de Klee, se deja ver en el poema de Martín Gila. Benjamin habla del ángel de la historia que mira las ruinas del pasado. Quizá el oyente sea, ahora, ese ángel. El sonido final del saxofón podría sugerirnos la impotencia frente a lo destrozado.

Es el propio cuerpo el que se expone en la obra de Enrique Busto Rodríguez, «Ítaca (Mosaico II)»: la respiración, esa materia prima de los instrumentos de viento, se pone en juego. La electrónica, desafectada, nos vuelve extraño ese cuerpo haciendo patente la fragilidad de su exposición. Una pregunta ronda las reflexiones de las últimas décadas, a saber, la que se plantea cuánto puede un cuerpo. Quizá, uno de los retos de esta cuestión es, primero, determinar qué es un cuerpo hoy en día; cuando ya ni eso nos es evidente. Igual que el viaje de Ulises no fue exactamente de regreso a Ítaca, sino de regreso al sí mismo, esta obra incide sobre ese cuerpo que suena a través del saxofón. El grito que cierra la obra podría dar cuenta de todo esto.

Créditos

Actividad organizada por la Asociación de Música Electroacústica y Arte Sonoro de España como parte del XXVI Festival Punto de Encuentro, coordinada por Víctor Aguado Machuca y Marina Hervás Muñoz. Gracias a la Fundación SGAE, a través del Consejo Territorial de la SGAE de la Comunidad Valenciana. Con el apoyo del INAEM, Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música.

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Etiquetas: Festivales y conciertos

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